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Abismo

El sonido hueco del viento  en el acantilado,  la vista perdida en la espuma  lejana sobre las rocas. El sabor a sal en la boca  y la contemplación vacía  de una nada repleta. Sentir el abismo  mirando dentro de uno  en palabras del filósofo. Lejos alguien cuenta un chiste,  que suena igual  a una invitación susurrada,  a un amigo que te salva sin saberlo.

El violinista

No voy a negar que en las noches de insomnio mi mente a veces se arrastra a vos. Te imagino en el umbral, al límite del abismo, contemplándolo. Quizá como dijo el filósofo, el abismo también te contemplaba a vos. Pero solo es una ilusión, porque hace años se cortaron las cuerdas del violín, que aún escucho. No puedo negar tampoco que en algún momento creí entender lo que pensaste esa última noche. Quizá ese día en la ruta, cuando con Mendé comprendimos que la vida era una farsa y que no existía el ayer o el mañana. Aunque la verdad es que no y posiblemente busque entenderte hasta mi último suspiro.

El único alquimista

El tiempo tiene esa perversa habilidad de transmutar los recuerdos y vendernos como oro lo que en su momento fue plomo. Muchas veces disfruta de recorrer el mausoleo de nuestros recuerdos y sacar de contexto algún pequeño detalle para contarnos una historia diferente. Los secretos de la alquimia no se encuentran en los libros de Fulcanelli, ni de ningún otro. Solo tenemos que esperar para caer, como tantos otros antes que nosotros, en esa protociencia oculta en nuestra memoria. ¿Cuánto de lo que digo es nuevo? ¿Cuánto de lo que digo viene de una recuerdo amargo? Olvidé el momento en el que podía responderlo.

Las trampas del laberinto

Veo su largo pelo oscilar mientras se marcha, quizá esperando alguna palabra mía para darse vuelta y regresar. Pero esa palabra nunca llega, porque el péndulo de su cabello me tiene hipnotizado. Me fascinan las pequeñas derrotas, esas que son un puñal que sirve para aprender. No es que me guste perder, no hablo del Día D o de Waterloo, solo de una pequeña escaramuza que deja un mal sabor de boca. Aunque tras cerrar la puerta me sentí el Minotauro que espera a un Teseo que no llega.

Mi noche blanca

El humo del cigarrillo se perdía en la lluvia, pero no su traje blanco y su corte carré. Era uno de esos días de febrero del dos mil y tantos en los que vagaba perdido. Empapado, crucé mis ojos con los suyos, olvidando las historias que me hacían agonizar. ¡Ella también! y su rostro se iluminó un instante,  mientras yo daba el primer paso, conteniendo la respiración. Pero negó con la cabeza y seguí mi camino sin destino. “¡Todo un momento de felicidad!”, diría Dostoievski, suficiente para colmar toda una vida.

Otras circunstancias

Sus dedos pasean casi perdidos sobre el borde de la copa, todavía tibio por el calor de su boca. Habla de algo que no se puede repetir, algo de lo que se lamenta, pero no es algo que yo entienda. Estoy perdido en dos o tres colores que me distraen a confines insospechados. Uno descansa en sus ojos, como la tierra húmeda, fértil y cultivable. El otro en el escarlata de sus labios, que despiertan sentimientos que no sabía que todavía tenía. El tercero es el negro de su sombra, que se vuelve más intenso cada vez que se va. Tal vez descubra en mi indiferencia algo que no me atrevo a decir, pero que tampoco se quedará a escuchar.

Aquel jueves

Su muñeca se movía lenta pero firme mientras dibujaba una lágrima en el lienzo. Yo improvisé que esa gota también era el río y el tiempo, entre risas. Ella me miró, siempre con una sonrisa y se me acercó despacio como la niebla. Cuando ya podía sentir el calor de sus labios en mi mejilla susurró casi entre suspiros que todos los corazones tienen que romperse. Todavía intento demostrar que se equivoca, pese a los años y a mis derrotas.

Ante los cambios

Uno comprende que algo lo cambió cuando ya no recuerda cómo vivía antes de conocerlo. Pasa todo el tiempo, pero solo lo vemos si nos tomamos un minuto y giramos la cabeza hacía lo recorrido. Si una niebla nos bloquea la visión y no reconocemos nuestros pasos, el camino se volvió el destino. El resto es inexorable, puesto que el conocimiento es el punto de partida de nuevas preguntas. Sin embargo, más de una vez nos arrastrará la nostalgia y vacilaremos. Cómo era vivir sin ese referente, sin ese invento, sin esa sonrisa.

La sangre todavía fresca

Tal vez algún historiador sea bondadoso y la considere una victoria oculta, un triunfo a largo plazo. Pero hoy se ve como el comienzo de un final por años anunciado, casi inevitable. Ningún imperio se desmorona en un día, a veces lleva años o incluso décadas. Y esos trozos darán vida a nuevos reinos, a nuevas historias. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en el viejo emperador que se sienta a ver el final. Miro por la ventana de mi cuartel de invierno y no puedo dejar de pensar.

Los límites de los sueños

No sé cuándo crucé la barrera, pero descubrí que mis sueños confabulan contra mí. Y de alguna manera también soy cómplice de mi martirio, porque conocía el doble filo de la imaginación. Es verdad lo que afirman aquellos que rechazan la construcción de ídolos. Hoy no recuerdo cómo era su tacto, pero al cerrar los ojos puedo sentirlo en mi piel. Estoy perdido, soy mi propio enemigo y no suelo perdonar.

Declaración de guerra

El líquido escarlata bailaba con cada movimiento de su muñeca dentro de la copa de vino. Sus ojos no miraban nada en particular, simplemente contemplaban su realidad. Mientras fumaba, porque no podía ser perfecta, deslizó que estaba confundida y que quizá yo era parte de esa confusión. Ahora que puedo mirar al pasado tras el abismo que solo abre el tiempo reconozco que me simpatizaba su forma de ser. La declaración de guerra flotó en el aire por un largo rato, pero ninguno movió sus tropas esa noche.

Curiosidad histórica

A veces, sin quererlo, enumero detalles de su rostro en mi mente. No como un ejercicio de tibia nostalgia o prisión de recuerdos. Sino como un resultado involuntario de mi curiosidad histórica. Y no me limito, en cuanto a estudio antropológico, a simples detalles morfológicos. Una sonrisa, por ejemplo, viene evocada con alguna broma y su voz. Una mirada, con contexto idealizado y tal vez también con una sensación distante de tacto. Y es raro que esas tumbas sean profanadas cuando sé bien que no esconden ningún tesoro. Ni tampoco son el sepulcro moderno de un insospechado Lázaro.

Saltando los desafíos

Se desliza sobre ruedas y solo soy un testigo lejano de sus proezas, un escriba que registra lo que le cuentan. Durante muchos años busqué la solución al miedo y descubrí que todo temor es una respuesta. Y que toda respuesta tiene un terrible punto débil: no soportará jamás que le cambien la pregunta. Quien conoce no dudará en abandonar un ¿qué pasará si fracaso? Por: ¿cuánto disfrutaré el triunfo? También transformará las incógnitas sobre maquillajes por la vacilación ante pintarse un lágrima en la mejilla derecha. Ese prisma será un ancla en el que el pobre escriba pueda apoyar sus futuros relatos.

Después de la caída

 Para Desirée, que entiende Se llevaba el mar los restos del naufragio y en la playa solo quedaban los vestigios de lo que fuimos. Podíamos rendirnos y dejar que los cangrejos y las gaviotas se llevaran lo que nos quedaba. Carne y piernas débiles, la sed del que bebe agua salada y un par de prismas en las mejillas. Pero en vez de cerrar los ojos cerramos los puños y elegimos el camino difícil, el del que se levanta. Hoy, desde la cima, se ven distantes las tormentas y las derrotas. Aunque no se olvidan las heridas ni el sendero en la ladera de la montaña.

Frente al mar

Yace en un colchón de arena, sintiendo con desdén las caricias del mar y el sol. Entre sus dedos discurre un tiempo sin forma, porque se sospecha inmortal. Sin corona es reina de todos los que la rodean, pero su reinado ya no la conforma. Marina mira el horizonte y no se sorprende de su inmensidad, está ocupada en una serie de pensamientos. Se pierde en sueños de mundos que no existen o que tal vez solo sospecha. Piensa en un par de objetos que marcaron nuestra historia, Piensa en las murallas de Constantinopla. Se pregunta por el peso de una rosa en diferentes lugares del planeta o del universo. Susurra el nombre de una espada, cada tanto, como un talismán ante los temores. Marina se sabe pensada y ella también piensa. Pero se le escapa el nombre del poeta que se transforma en otro anónimo.

Génesis

Para Berenice Hacía calor en la cocina de ese departamento de un último piso y había comido chocolate de Bélgica. Tomé aire en el balcón, porque lo necesitaba presurosamente, y me compañera se me acercó. Ella fumaba, pero en ese momento el humo no me molestaba, porque estaba acostumbrando. Puedo datar en ese preciso momento el génesis de todos mis escritos, cuentos, poemas y novelas. Me miró a los ojos, y señaló como Sócrates que ella sentiría el sabor de la cicuta en su boca. Algo se rompió. Imaginar su sacrificio movió cada una de las partículas de mi ser. A ella la perdería, como perdí tantas cosas y a tantas personas que ocuparon algún lugar en mi vida. Pero algo iba a quedar siempre, como ese sentimiento de tener todo el tiempo la espada colgando sobre la cabeza. Ser uno de los atenienses que ingresaban al laberinto sin espada ni escudo. Ícaro desplomándose desde las alturas, cayen...

Torre del desierto

Se ve desde gran distancia en el desierto la torre que es objetivo de todos. Después de recorrer varios kilómetros a pie, se llega a una especie de oasis, donde se puede descansar. Pero aunque parezca el final del viaje, es solo la primera etapa. Un jardín rodea la edificación, con formas concéntricas o callejones que no llevan a ningún lugar. ¡Alto! La hierba que sirve de muro es venenosa, pero todavía se puede volver atrás. En algún punto todo parece un sueño o una pesadilla, pero cuando se está cerca, se ve la cúspide de la torre y tal vez su tesoro. Puede que al querer simular la vida, la eterna torre guarde dentro alguna sorpresa más. Escalones infinitos, falsos finales, algún personaje de terror en alguna habitación perdida. ¿Cuál es el premio tras tanto sufrimiento? No creo que tengamos lo mismo en mente, pero hay que intentar llegar para saberlo.

Kilómetros de tinta

Puede parecer  que ahora estamos  como en el principio  de la carrera. Pero es un grave error  ignorar todos los kilómetros  recorridos durante el tiempo  que pasamos en el camino. Y nos dejamos llevar  por la corriente que erosionó  lo que teníamos. Ahora un nuevo banderín  indica otro comienzo  real o aparente.  Aunque al mirar al costado  no me verás a tu lado. Y yo seré solo una sombra de otra competencia.

Fracaso y derrota

Camina casi sin fuerzas, porque está herido y ya no sabe si es día o noche. Arrastró su espada varios días, porque temía o esperaba retomar el furor de la batalla. Antecedentes de severas victorias y justicia de fuego desvanecidos en el final. Lejos ve un recuerdo que lo invita a esmerarse y avanzar un poco más. ¿Será un espejismo que sin remordimientos juega con su mente para una última desilusión? ¿O será ese paraíso que espera en la meta, donde los que perdieron son perdonados? Quienes antes lucharon en su contra, es posible que sigan su mismo destino. Una estrella fugaz cae del cielo como un rayo, mas el héroe no la ha visto.

Gotas de cera

No alcanzan para conformar al hambriento las migajas de pan de las mesas ricas. No alcanzan un par de gotas para saciar al sediento. No es suficiente saber que la culpa no es propia, sino que hay otras cosas detrás que no se pueden controlar. Cuando el amor se inmola a alguno se llevará consigo y cavará la fosa en un segundo. Luego vendrán los consuelos para el velado que se observa de lejos. Se dirán palabras que no necesariamente son ciertas para apaciguar el dolor. Una vela mantendrá la vigilia y la esperanza de una resurrección final. Gotas de cera formarán un río congelado, que avanzará lento pero constante. Hasta aquel día en que la mecha ya no tenga qué consumir.