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El solitario Sol del cielo

Los versos que no escribiré son el preludio de una eterna despedida. No hay lágrimas en mis ojos, pero de cualquier modo lloverá con el cielo despejado. Tiempos bucólicos me esperan y deseo que la naturaleza, en su infinita nobleza, no me aparte de su seno. Eterna algarabía me ofrenda esta soledad encontrada, que sin más alternativa me obliga a retomar el camino de la poesía. Perdida elegía de un moderno sentimiento. He de pensar un instante las antiguas palabras de los maestros del arte. Tal vez no todo se ha perdido, lo que no quita que sienta un gran vacío. Inconmensurable será la imagen que se plasme en el papel, pues aunque mi memoria falle, eso no le ocurrirá a él. Y vivirás por siempre, como el retrato de un recuerdo; bajo un cielo sin nubes, en donde, sin embargo, diluvia estrepitosamente.

Deseo no pedido

El vacío dejado por algo que cambio. Luz en dónde antes había una sombra querida. El desgaste del hasta siempre. La soledad. La atmósfera que genera el saberse solo y mal herido. La foto de tu peor enemigo, que antes era tu amigo. Las cada vez más escasas estrellas en el cielo de la ciudad. Contemplar absorto la luna como medio de distracción o alternativa de entretenimiento. Su rostro observando su tan amada tierra. La estrella fugaz, en viaje rapaz, atraviesa el firmamento. La idea de pedir que regrese todo a como era antes y se mantenga en un status quo permanente. Un segundo de reflexión, al escuchar que de fondo suena una canción que habla de la superación. La certeza que ese deseo que se guardó le servirá de talismán contra las nuevas dificultades que deba afronta en un futuro no muy lejano.

La nueva rosa

Una nueva rosa florece en mi jardín, allí, donde antes estaba la que se marchito con los soles. Los meses transcurrieron; los recuerdos son esas rocas en el cauce de un río y es el tiempo el agua que las erosiona, las desmorona. Las cosas cambian, se renuevan, mueren y la sombra de lo que fue es dispersada por la luz que trae la esperanza de lo futuro. Por reflejo he guardado un pétalo, dentro de un libro, de aquella vieja rosa. Ha desteñido, es verdad, y coloreado las páginas que ahora manchan los dedos. Mas no hay perfume más fuerte que el que emana la nueva rosa de mi jardín.

El Triángulo

Uno se equivoca, porque es humano. Parece que también Dios lo hizo, somos una demostración de esto. Son nuestros errores consecuencias de nuestras acciones o inacciones. Se esconden en las tentaciones, porque tendemos a la debilidad… El joven se arrepintió de no decirle lo que sentía y ahora la perdía. Ella, cegada, había elegido de manera incorrecta y lo sabía. El otro, porque siempre hay otro, solo se interesó en la flor antes de que esta se marchitara, luego es tarde. El viento, como el tiempo, erosiona. Y el error está en que lo que debía ser una línea recta es ahora un triángulo.

Falso profeta

El ave que volando cerca del cielo se incendia, nosotros en el suelo lo vemos como el Fénix en resplandeciente vuelo. Tantas veces cometemos este error, que ignorantes de tal hecho, admiramos fantasmas de gloria infinita que nunca existirán sobre o bajo el mar. Estallan las ofertas de salvación en cada mirada. Pero la prudencia muchas veces, por suerte, nos detiene, mas en algunas ocasiones esto no ocurre e irremediablemente abordamos un barco destinado a hundirse. Seguiremos entonces esperando, como los judíos, a que llegue nuestro Cristo, sin saber, quizá, que cada uno puede ser su propio Mesías y cada uno puede ser el capitán de algún mágico Titanic. A no desesperar, la vida suele ser un juego que nos da muchas sorpresas inesperadas.

El secreto en el relato

Vedado misterio para el vulgo, que de cuestiones de dioses no entiende. Pero nosotros sí, porque estamos más cerca que cualquier otro mortal de ellos. Creamos mundos, puede que por vanidad o por tristeza, para tener dónde escapar. Son estos orbes el resultado de enigmáticas composiciones mentales, que nos acercan a la locura muchas veces. Damos vida, por más que nuestros peones no escapen del tablero, tampoco lo hacen en el ajedrez. Damos muerte, pero no sentimos (casi nunca) remordimientos ni lástima, al menos no aquellos que están, como yo, cerca a lo Eterno, que no lamenta la pérdida de un cabello o la vida de alguien que puede morir. Es este borrador la máxima expresión humana de cercanía a lo Divino. Por otro lado, ¿dudarán mis personajes de mi existencia?

Tiempo perdido

Es catarata, pero no es agua lo que cae. Es algo mucho más escaso, aquello que comenzamos a gastar antes de nacer: el tiempo. Es relativo, bien se sabe que la luz juega con él, como tu conmigo. Es esa lejana estrella, que ayer brillaba tan fuerte, la que no podemos distinguir en la inmensidad del firmamento hoy. Solo tenemos la historia, mientras vivamos, pues en la mortaja no caben ni monedas ni libros. Todo relato es un espejo o un eco de algo que sucedió o sucederá; tal vez nunca, en la nada. La mano que guía nuestro camino, no conoce sobre destinos y tristemente, solo tenemos el tiempo que hemos perdido.