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Poesías tenebrosas

¿Qué hacer cuando el fracaso no es una opción y se fracasa? Más allá de los presagios y las malas interpretaciones. El día se termina y con él se escapan las esperanzas con todas aquellas cosas que sólo prolongan el sufrimiento del hombre. A algunos todavía nos queda la noche, tan proclive para la creación artística en todas sus expresiones. El dolor es un nuevo hoyo en la tierra, que la hiere pero sirve para sembrar, un vacío dispuesto a ser rellenado. El fruto será la culminación de una etapa, de un momento, el principio de un libro, de una saga. Los días lo pulirán en la memoria de los lectores, tal vez para vivir hasta el final de cada una de sus vidas. El autor lo negará, dirá que todo es ficción y la complicidad la guardarán su musa y algún confidente. No es bueno que el peso de una obra se escape de la espalda de su creador y se disipe hasta desaparecer. Es cierto, lo que se pierde se vuelv...

Un día como cualquiera

Fue un instante que luego se repetiría infinidad de veces, pero al ser el primero aún vive en mi memoria. Perdido en mis pensamientos caminaba de manera despreocupada por la calle cuando una señorita perturbó mi meditación. El santo y seña fue mi nombre, sus claros ojos eran una invitación a prestarle atención. Me dijo que me reconoció por una foto mía que tenía y que Poesías Tenebrosas era lo mejor de mi obra. Me sonreí brevemente y acoté algo para superar el incómodo momento del amistoso halago. Me preguntó, sin anestesia cuál era la inspiración de mis letras y su evidente significado. Se me hacía engorroso explicar que muchas han nacido de momentos hermosos que transmutaron en desgracias. Como la caminata de aquella fría noche, tan recordada en pretéritos poemas. O el abrazo de la amiga en momento de necesidad, que ahora necesito y no tengo. O el apoyo de aquellos que acompañan las Cruzad...

Escrito en el limbo

Me miraste a los ojos sin conocerme e ingresaste en mi vida sin pedir permiso. Leíste gran parte de mi obra y me idolatraste. Suavemente me empujaste a un cielo construido con tus palabras. Sedujiste mi mente para asegurarte que nunca te dejaría. Me robaste cada uno de mis pensamientos e intentaste colarte dentro de mis sueños. Una vez que lo lograste, comenzaste a transformarte en mi utopía. Y como todo aquello que es una quimera, un día desapareciste para siempre sin dejar rastros.

Evitando pensar

Para Anita El cielo se derrumba y no hay suelo que lo soporte. Tu paraíso no contaba con cimientos resistentes. Te morías de amor y yo miraba como un espectador en la segunda o tercera fila, sin poder hacer nada. Con ese prólogo nos enfrentamos la primera vez que hablamos, quizá la única que realmente importa. Sin música, la vida sería un error, te confesé citando a un alemán que admiro, antes de mostrarte versiones de canciones que me gustaban y servían para apaciguar las tormentas. La mayoría de las veces nada se puede hacer contra la tempestad, más que cubrirse y cubrir a todos los que podamos. El orbe no nos sonrío ese día, ni muchos después, pero al menos no estábamos solos y acompañado todo es un poco más tolerable.

Nadie se queda para siempre

Siempre hay una cruda verdad para aquel que esté dispuesto a buscarla y encontrarla. La vida es, al fin de cuentas, una composición de crueles momentos con pausas. A veces conocemos algún mesías que hace que todo tenga sentido y que el tiempo se evapore. Pero nunca duran suficiente, son falsos profetas. El laberinto siempre está, la complejidad nos acecha pero no interviene hasta que no comprendemos que todos nuestros esfuerzos son inútiles. Ella se va, nuestros dedos se separan y no se volverán a tocar. El sol brilla en el horizonte, nos es indiferente. Nunca está de más aclarar que tarde o temprano todo se termina.