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Autómata VII

Miré el cielo, tal vez por última vez, mientras la lluvia despeja mi rostro. Enfrente tenía a aquel que había arrebatado mi vida, quien había ocupado mi lugar. El Autómata parecía derrotado, vencido por la carga del tiempo. Sabe tan bien como yo que es el fin de los dos. No importará quién gane ni quién pierda, victoria o derrota. Sin mí, él ya no será nada. Si gano, pero no lo destruyo, volverá al poder. Cuántas son las ironías del destino, alguien nuevo deberá reinar en el trono que se decidirá hoy.

Nidos

Tantas horas perdí pensando en Irene, tantas horas perdió Olivia pensando en mí. El gorrión tendrá que abandonar el nido en algún momento, pero teme hacerlo. La naturaleza le susurra al oído que no es lo mejor, no todavía. Puede que su instinto tenga razón, pero en sus sueños el cielo está mucho más cerca. Será un salto de fe la primera vez, del que no todos sobreviven. Aletea practicando, mientras sus progenitores se ausentan en busca de comida. ¿Te veré volando mañana?

Nuestras dos mujeres

Hay dos mujeres que marcan la vida de todo hombre sin que pueda darse cuenta. La primera es Irene, la imposible y simplemente reconocible. No es inalcanzable, pero está idealizada y nunca derrotaremos a nuestros ídolos. No nos amó, o tal vez sí hace tiempo, pero somos cosa de su pasado. La segunda puede ser que nunca la reconozcamos, pero está allí para nosotros. Es Olivia, la servicial, la dulce, la que nos ama desde que tiene memoria y no lo dice. Pero su amor es anónimo y no busca recompensas ni trofeos. Ambas serán un imposible, un “pudo haber sido” y eso lo tendrán siempre en común. 

El regalo que se quedó

Hay guardada debajo de un papel de regalo una delicada muñeca. La niña para la que fue adquirida ya no existe. Es como esas rosas que desaparecen o cambian y dejan de ser rosas. Como el río, que nunca es dos veces el mismo pero es todos los ríos. Es Irene, es Olivia, es aquellas mujeres que no conozco. Es ese sueño que alcanzamos y cuando estamos por disfrutarlo, nos hace despertar. Es como esa mujer anónima e inmortal que vive en tantas de mis letras.

Pequeños momentos

Nuestros ojos se despidieron sin que lo sepamos o imaginemos. Pero en ese momento previo, que pudo ser cualquier momento, éramos felices. Y ese momento se podrá repetir con cualquier otra persona. Pero no será nunca igual, porque junto a mí tú no estarás. El futuro será entonces solo un espejo imperfecto, un recuerdo revivido. Mis poemas, simples elegías que contarán al cansancio, algo que no supiste entender. Bajo el cielo, esta puede ser la historia de cualquiera.

Normandía

La arena se tiñe de tu esencia, de algo que ya no volverá a ser tuyo y que te arrebatan. Fluyen como ríos al mar, los vestigios de esos sueños que en pretérito te movilizaron. ¿Será esta lucha la conclusión de toda la guerra? Yunque o martillo, cuando se pelea hasta morir, ambos lo pierden todo. Quizá yo, que nací décadas después, haya sido invadido más de una vez. Tal vez tú, que superas cualquier coalición, elijas la crueldad para vencer al enemigo en el que pronto te convertirás.

A simple vista

Con ojos de pradera y cabellos color sombra apareces en mi vida adueñándote de mis sueños. Una frágil fantasía, duda ante todo, de lo que ya no imaginaba. Los temores se apoderan de mis manos, pues no quieren romper lo que parece perfecto. Estos labios podrían, pero no dirán, esas palabras que acaben con nuestro lúgubre silencio.