Entradas

Hoja de trébol

El trébol flamea en mi mano mientras mis ojos contemplan un horizonte no tan lejano. Pero uno de sus pétalos es arrebatado por el viento tórrido que azota en el verano de mi latitud. Vuela y sube mientras se escapa de mi alcance mortal, quedando solo dispuesto a la fantasía. Más de una tiniebla lo cubrirá y tendrá el sol iluminando otros de sus días. Acabará en la tierra, de la que viene, y nunca tendrá conciencia de que existí. Aunque siempre será esa hoja que estaba en el trébol y se perdió, un momento antes de llegar a la meta. Pese a que la vida nos regala muchos tréboles, pocos merecen perdurar en la memoria.

Mariposa

Vuelas alto mariposa y te ves tan hermosa escondida tras tus colores. Vuelas alto y tus alas son una con el viento que parece no resistirse. Vuelas alto y las flores extrañan tu presencia en el jardín. ¿Cuál será el límite de tu deseo de subir y distanciarte de este humilde servidor? Todas las preguntas que no te haces, mariposa, las tengo guardadas en el pecho y en la algún lugar de mi mente. Quiera tu destino no ser un nuevo Ícaro pues no podré alcanzar a salvar tu cadáver. ¿Acaso todo fue un sueño? O ¿Solo yo soñaba que vos volabas mientras me hundía y vos estabas en tierra firme? Sin embargo, en mi sueño, vos te dejabas llevar por la imaginación, mariposa,   y fluías hacía algo superior. El despertador interpreta una canción que día a día odio más.

Después de la cacería

La nieve me hizo perder tu rastro y dudo mucho poder encontrarlo nuevamente. Sin rumbo, vago en el bosque a la espera de una fiera que termine mi suplicio. Pero por algún motivo, evitan mi presencia como quien supone un rival invencible y no combate. Será entonces esa ironía mi destino, estar vencido y que nadie me remate. ¿Cuánto tiempo estaré en este limbo ilusorio que no libera ni condena? ¿En qué lugar estás vos?

Sin lugar para escribir

La taza hace tiempo está vacía, porque ya no queda ninguna infusión para beber. Sobre la mesa me espera una lapicera sin tinta y un papel usado por poemas anteriores. Las luces apagadas envuelven la soledad como ella me envuelve a mí. Quedarán para otros días y para otras personas esos sueños de finales felices. Me perderé el futuro esperando un pasado que no volverá. Pero mi pesar será muy concurrido, porque la tristeza es abundante estos días.

La vida sin sonrisas

Es tu estrella la guía de cada uno de esos temerosos caminos que tomo. Pero siempre me pierdo porque su luz se apaga en la parte más profunda de la noche. Cuando más la necesito me deja en tinieblas y tengo que tantear el suelo para saber dónde estoy. Pero el silencio trae una sabiduría que no es posible conseguir a los gritos, ni en los pasillos de las universidades. El resto son todos supuesto. Tal vez la luz nunca existió y yo idealicé una estrella o me quedé ciego y ya no pude verla. Tal vez el laberinto es mi propia mente que teje redes para que me pierda sin moverme nunca del mismo lugar. Tal vez nada de esto sea verdad y lo único real sea un poema que habla de imposibles. No creo que Irene, Olivia o Mariana sean capaces de llenar las sonrisas que me faltan.

En la cama

Te busqué como a un sueño que se sospecha pero no se conoce. Los años se juntaron despacio pero sin parar y las primaveras pronto amenazaron con tenues otoños. ¿Dónde quedaron los veranos de mi vida? ¿La esperanza que nos impulsaba al fondo? ¿No te vi en las sospechas de un día nuevo, cuando el sol recién salía? Las preguntas ahora pueden parecer innecesarias, pero es lo que nos queda entre las sombras. Ellas y un juego, que supone posibles finales a una misma situación. Ellas y ellos y tus ojos con el reflejo de luz de una ventana entreabierta, una sonrisa y un suspiro. La interrogación se desgasta en el uso inútil de consultar a la pared o al techo desde la cama.