Hoja de trébol
El trébol flamea en mi mano mientras mis ojos contemplan un horizonte no tan lejano. Pero uno de sus pétalos es arrebatado por el viento tórrido que azota en el verano de mi latitud. Vuela y sube mientras se escapa de mi alcance mortal, quedando solo dispuesto a la fantasía. Más de una tiniebla lo cubrirá y tendrá el sol iluminando otros de sus días. Acabará en la tierra, de la que viene, y nunca tendrá conciencia de que existí. Aunque siempre será esa hoja que estaba en el trébol y se perdió, un momento antes de llegar a la meta. Pese a que la vida nos regala muchos tréboles, pocos merecen perdurar en la memoria.