El desborde
La mujer con los ojos iguales al cielo sin nubes acercó su boca a la mía y dijo casi en un susurro que mi amor es como la crecida de un río. Primero destruyó las barreras, luego lo inundó todo, movió de lugar las cosas, rediseñó el paisaje y trazó nuevos caminos. Alejó levemente sus labios de los míos y agregó que mi amor se va como llegó. Y aunque los vestigios quizá no desaparezcan nunca, ella sabía que ya no estaba. Le sonreí con fuego y pensé, aunque no lo dije, qué hermosa despedida digna de un poema.