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Algo nuevo bajo el sol

No tenía nada guardado, ni una sola carta bajo la manga, ninguna frase elocuente y sutilmente entrenada. El asalto me tomó desprevenido, pero con suficiente tiempo para replegarme detrás de la muralla y mirar desde una torre. El enemigo se alzaba imponente, pero no me buscaba a mí o a mis tropas, solo pasaba. El otoño nos regaba con una brisa suave y un sol sumiso, pero presente. Y el general que duerme en mí tenía ganas de abandonar la seguridad y arrojarse a una cruel batalla. Quién sabe cuál destino me esperaba ese día. Miles se salvaron y la historia ya no lo recuerda.

Una belleza que no conozco

No vale decir que lo esperaba, ni que estaba preparado, ni que sabía qué podía pasar. El tiempo se dilata con la velocidad y yo te vi tan rápido que de visión fugaz no tuvo nada. Y luego te esfumaste en un torrente de miradas que te arrastraron como un río crecido. Ahora, confinado en la celda que dibujaron para mí te pienso y te imagino. En ese falso sueño no sólo nuestros ojos se encuentran. Tomará trabajo determinar tu lugar en mi laberinto.

Ante la jaula vacía

Te tendí una trampa y te dejaste atrapar, pero nunca te retuve realmente. El principio emulaba el nacimiento de una estrella con un brillo abrasador. Pero el tiempo desgastó palmo a palmo tu semblante y tu sonrisa. Las plumas se desprendieron como pétalos en otoño. Y el canto menguó como la luna que busca desesperada una despedida para renacer. Sin más imágenes para convencerme te dejé partir y vi tu vuelo por última vez. Tengo un amuleto en mis manos que espero vuelvas a buscar.

La compositora

La dejó en un sobre dorado, en uno de los vestíbulos porque sabía que iba a apreciar el detalle y la ironía. La partitura no tenía título, pero era de su autoría, para interpretar lento en piano. Siempre dijo que prescindía de las palabras conmigo, que prefería hablarme con los compases matemáticos que rigen la música. Las primeras notas erizan la piel como un beso en el cuello un martes por la tarde. Pero luego la melancolía gana terreno y se comienzan a dibujar imágenes en la mente. Tal vez las de una chica corriendo por un camino casi infinito que no lleva a ningún lugar. O la sensación sentir que sos un laberinto para luego entender que sólo sos una pared. Las últimas notas se desgranan como una despedida firme de alguien que no se arrepiente pero que no va a volver.

Los cielos

Nos cubre y pasa desapercibido pero tiene más estrellas que granos de arena las playas del mundo. A veces me detengo en las noches cálidas y lo contemplo en silencio, cubierto del velo que regala la ciudad. Pero sin embargo hay otros cielos que día a día nos importan más. Los objetivos por cumplir, los deseos por satisfacer, los tesoros que encontrar. Y la rosa, que se hace tan grande que imita a una sombrilla convirtiéndose en otro cielo.

Algunos estilos de guerreros

Algunos buscan esconderse en lujosos castillos, rodeados por poderosas murallas. Algunos esperan con el torso desnudo, en una pradera o sobre una colina, hacha en mano. Algunos acechan en los oscuros pasillos de un laberinto, olfateando el miedo a lo desconocido. Algunos diseñan laberintos y miran desde afuera como los incautos ingresan para ya no salir. Algunos juegan la danza de la clepsidra y confían en que el cadáver de su enemigo flote frente a ellos. Algunos atacan sin compasión, pese a no recibir amenazas ni estar en riesgo. Algunos prefieren la espada y el canto del metal, los gemidos de guerra y el vuelo de las aves carroñeras. Algunos prefieren la espada en el verso y son igual de despiadados pero con metáforas. Y sin embargo, todos son cautivos de un sentimiento de los invade, que los conquista, que los vence. Aunque el enemigo no sea claro, sienten que la guerra los rodea, ...

Laberintos de recuerdos

Se desdibujan las sonrisas hasta convertirse en simples líneas rectas con el paso del tiempo. No quedan fragancias en la memoria, ni evocaciones tardías que resuman tu existencia. El sol se oculta en un distante horizonte y en la oscuridad se pierden los límites de las sombras. Me deslizo en el pasar de los ojos cerrados y los cuentos que narra mi imaginación. Creeré en algunos, que no existieron. Negaré aquellos que ocurrieron y no me gustan.