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Cuando comienza el día

El sueño se terminó. Pesadilla o paraíso, será debate de historiadores y biógrafos sagaces o no tanto. ¿Qué figuras ilustraran los vitrales del futuro? Sin hilo de oro para seguir, la puerta del laberinto puede ser sólo un espejismo, una falsa salida. El sueño se terminó. Redunda decir que las torres caen al paso del baño de realidad de una cachetada. ¿Quién se animará a armar nuevos castillos con cartas? Sin comodines muchos juegos se vuelven casi imposibles de ganar, casi. El sueño se terminó.

Relatividad

Ella dibujaba sonrisas en un papel para escapar de la realidad. Yo le daba la espalda sentado en un sillón y observaba la ventana casi sin reconocerla. Una gota de rocío escapaba de la congelación y discurría en el vidrio empañado. El sonido del lápiz desgarrando la hoja servía de banda sonora. Cada tanto su respiración cambiaba, parecía que su corazón iba a saltar y golpearme o amarme, algo intenso, pero luego volvía el corte del lápiz al papel. Un diente, unos labios contundentes y carnosos, un tipo feliz. Entrecerré los ojos y traté de imaginar las palabras que romperían el velo que nos separaba. Los abrí al segundo, pero ella ya no estaba. No había lápiz ni hoja, mesa o sillas. Otra gota viajaba solitaria en la ventana, pero era de una lluvia pasajera. El tiempo me jugó una mala pasada, me hizo viajar en un segundo casi una decena de años.

Encerrando los problemas

Pensé que iba a ser la respuesta correcta, por ser la más fácil y evidente. Tomé su foto y a su alrededor dibujé un conjunto de líneas que entre curvas y rectas la iban encerrando. Cuando se volvió imposible salir, contemplé mi obra como a un hijo recién nacido y la escondí en un cajón. Pero los laberintos demandan supervisión primero y sacrificios después. Otros tenían que pagar el precio de mitigar mi dolor y eran ofrendados a la bestia, ya sin forma porque los recuerdos metamorfosean. Tal vez el monstruo ya no exista o quizá nunca lo hizo, pero las paredes del laberinto colman mi mundo. ¿Esperaré guarecido en mi castillo la llegada del héroe, espada en mano? ¿Tomaré acaso la daga y terminaré con el simple papel? Las palabras crean, las palabras nos sobreviven. Pobre Dédalo fui y moriré.

Mientras pintaba

La miraba detrás de la puerta mientras desarrollaba un arte que yo no entiendo, espiando, sin atreverme a entrar. Sentarme y fantasear que alguna de mis palabras la había inspirado era algo que me daba inmenso placer. Pero su talento siempre me resultó casi tan hermético como sus sentimientos hacia mí. Sus enigmas me ponían ante la puerta de un laberinto del que sabía no iba a salir. Una puerta que más de una vez acaricié como a la mejilla de la mujer amada. Y sin embargo nunca entré, siempre huí como el ladrón nocturno, como quien despierta de un sueño que no recuerda.

Algo nuevo bajo el sol

No tenía nada guardado, ni una sola carta bajo la manga, ninguna frase elocuente y sutilmente entrenada. El asalto me tomó desprevenido, pero con suficiente tiempo para replegarme detrás de la muralla y mirar desde una torre. El enemigo se alzaba imponente, pero no me buscaba a mí o a mis tropas, solo pasaba. El otoño nos regaba con una brisa suave y un sol sumiso, pero presente. Y el general que duerme en mí tenía ganas de abandonar la seguridad y arrojarse a una cruel batalla. Quién sabe cuál destino me esperaba ese día. Miles se salvaron y la historia ya no lo recuerda.

Una belleza que no conozco

No vale decir que lo esperaba, ni que estaba preparado, ni que sabía qué podía pasar. El tiempo se dilata con la velocidad y yo te vi tan rápido que de visión fugaz no tuvo nada. Y luego te esfumaste en un torrente de miradas que te arrastraron como un río crecido. Ahora, confinado en la celda que dibujaron para mí te pienso y te imagino. En ese falso sueño no sólo nuestros ojos se encuentran. Tomará trabajo determinar tu lugar en mi laberinto.

Ante la jaula vacía

Te tendí una trampa y te dejaste atrapar, pero nunca te retuve realmente. El principio emulaba el nacimiento de una estrella con un brillo abrasador. Pero el tiempo desgastó palmo a palmo tu semblante y tu sonrisa. Las plumas se desprendieron como pétalos en otoño. Y el canto menguó como la luna que busca desesperada una despedida para renacer. Sin más imágenes para convencerme te dejé partir y vi tu vuelo por última vez. Tengo un amuleto en mis manos que espero vuelvas a buscar.