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En los pasillos

En los pasillos la gente se amontona y comenta, entre susurros y cuchicheos. Se miran y se interpelan sobre una casual derrota que los dejó sin habla. En los pasillos se dicen que no estaban participando, que no había nada que perder. Pero en esos mismos pasillos sus estómagos crujen y sus manos sudan. Están desorientados en sus conversaciones y no saben a dónde ir. Me miran. En los pasillos la gente habla de la suerte echada y de la derrota. Se pegan a las puertas o se ponen debajo de los marcos buscando protección. En los pasillos alguien augura nuevos principios sin saber que una época terminó. Y yo siento que esas tristezas serán nostálgicas canciones en el futuro.

Un secreto que se olvida

Las crónicas reflejarán detalles de una mujer que no se animó a tomar la decisión arriesgada y se quedó con lo seguro. Las dudas, en ciertos aspectos de la vida, son un grito de cambio. Todas las demás batallas están perdidas. Y la derrota se puede endulzar con miel, pero sigue siendo derrota. Las crónicas dirán que es para mejor, que todo cambio es un riesgo, que es preferible lo seguro. Pero nunca dirán mi nombre, porque no lo saben. Hablarán de un supuesto, tal vez de un ex, pero nunca me mencionarán. Primero me omitirán las crónicas, después seré un secreto que se olvida.

La sangre todavía fresca

Tal vez algún historiador sea bondadoso y la considere una victoria oculta, un triunfo a largo plazo. Pero hoy se ve como el comienzo de un final por años anunciado, casi inevitable. Ningún imperio se desmorona en un día, a veces lleva años o incluso décadas. Y esos trozos darán vida a nuevos reinos, a nuevas historias. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en el viejo emperador que se sienta a ver el final. Miro por la ventana de mi cuartel de invierno y no puedo dejar de pensar.

Misterios tras los sueños

No es tan fácil dilucidar si realmente ocurrió o todo sólo formó parte de mi imaginación. Porque el pasado se presenta difuso, lleno de silencios, como una isla en un mar de olvidos. Y por las noches me invade una sensación de realidad que por la mañana me abandona. Tendré que acostumbrarme a la arena movediza, a dudar sobre lo que sé.

Las cosas que importan

Puede haber millones de estrellas, algunas más grandes, algunas más bellas, pero sólo hay un Sol. Puede haber decenas de reyes, algunos gloriosos, algunos grandiosos, pero sólo hay un emperador. Puede haber miles de tipos de miel, algunos más dulces, algunos más sabrosos, pero sólo hay uno que me gusta a mí. Pueden haber varios nombres en tu mente, pero sólo importa el que aparece cuando las luces se apagan y cierras los ojos.

Los límites de los sueños

No sé cuándo crucé la barrera, pero descubrí que mis sueños confabulan contra mí. Y de alguna manera también soy cómplice de mi martirio, porque conocía el doble filo de la imaginación. Es verdad lo que afirman aquellos que rechazan la construcción de ídolos. Hoy no recuerdo cómo era su tacto, pero al cerrar los ojos puedo sentirlo en mi piel. Estoy perdido, soy mi propio enemigo y no suelo perdonar.

La cosas que no se cuentan

A veces imagino el suspiro relajado de Teseo, con la espada ensangrentada y a sus pies el cuerpo del Minotauro. Tal vez temblaba, tal vez lloró de alivio o de alegría, tal vez no sintió nada y solo miró el hilo que lo liberaría. Pero Teseo estaba destinado a ser héroe ganara o perdiera. Su derrota y posterior muerte encendería una mecha en Atenas que terminaría en rebelión. Todos llegamos en algún momento al laberinto, algunos entramos por curiosidad, menos buscamos a la bestia. Y es ahí cuando comienza el desafío, cuando se pone todo delante cuando se puede perder. Pero aún así entré, busqué, encontré y enfrenté, desarmado, como cualquier otro mortal a pie.