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Niño cerca

Ella le sonríe y festeja con cierta ternura un chiste sagaz. Él no dice nada y mira el suelo, pero en el fondo acaricia el pelo de un niño pequeño. Un niño que se maravilló a los 3 años al ver el dibujo de un dinosaurio. Qué se conmovió al entender la inmensidad del universo o lo minúsculo de nuestra especie. Un niño que soñó con sus ancestros y que imaginó generaciones de descendientes. Un niño que entró al río y que cuando salió entendió que ya no era el mismo río ni él el mismo niño. Él no le dice nada a ella, pero a ese niño trata de tenerlo siempre cerca.

Un hombre ha muerto

En la plaza del pueblo yace el cuerpo de un hombre muerto. El pelotón de fusilamiento limpia sus armas a la luz del sol y ante la mirada de las aves. En esos pueblos, lo que pasa en la plaza es un acontecimiento, pero hoy no hay niños pues en el centro hay un hombre muerto. Ya no importarán los crímenes o la Justicia, un hombre ha muerto. Algunos soldados se descubren la cabeza, todavía recuerdan sangrar junto al muerto en tal o cual batalla. No hay más por ver, las aves se acercan furtivas. Mañana nadie recordará al hombre muerto. Pero esta noche más de uno se preguntará quién será el próximo que esperará en la plaza.

En el derrumbe

Se desmoronaba el suelo bajo mis pies sin aviso alguno y el sol, siempre distraído, brillaba sin enterarse. La caída inminente parecía no tener final, aunque una parte de mí la consideraba merecida. "Vivir por la espada te lleva a morir por la espada", me susurré como un talismán. También recordé la belleza de lo que se pierde o de lo que se va, en una infructuoso intento de consolarme. El frío comenzó a cortar mi piel, la humedad en mis mejillas se helaron como cierto corazón que en algún momento fue mío. Veo el final del camino y la culminación de la caída, en breve me despertaré.

Beso de buenas noches

Ella me cantaba canciones para dormir mientras su público era poco más que mi espalda. Le cantaba a un público que de todas maneras no podía ver, porque el alma no tiene color o forma. A lo lejos sonaba algún difuso oso musical de mi infancia o aquella sonata rusa que me describe. La congoja se dibujaba en mis ojos velados con las siluetas de las derrotas o esas confusas victorias. El tarareo involuntario de esos versos que son mis tortuosos amuletos y que escapan de lo que cuento. Me gusta pensar que ella se despidió esa noche con un beso de buenas noches que no recuerdo.

Mis amigos, los vencidos

Los límites del horizonte se desdibujan en líneas que nos recuerdan que todo es un eterno regresar. En el fondo lo sabemos, se ve en nuestros ojos, se siente en nuestros pies. Hay una frase que nadie se anima a decir, pero que casi se puede cortar en el aire. No quedan espadas, ni lanzas, ni palabras para salvarnos. ¿Será este ocaso el final de nuestras historias? ¿Aquellas que en algún momento simularon la gloria? Si nuestro tiempo ha de finalizar, que nuevas historias consigan la redención que nosotros no conseguimos.

Cuando las estrellas aparecen despacio

Los límites del camino se desdibujan mientras el paso aumenta y la luna gana el cielo desnudo. Ese lejano susurro retumba como un eco eterno que nace en mi interior, o tal vez en su boca. Un segundo. El ritmo de los suspiros disminuye y mis ojos se acostumbran a ciertas sombras empañadas. Descubro los puntos dispersos en el lienzo negro del firmamento, sin querer los uno. No me sorprende el resultado, pero el resto del recorrido se hará más difícil y lento.

Ocaso de juventud

Ella, todavía inmortal, movía los dedos mientras jugaba con la idea de su mortalidad. Yo, tan mortal como todos, la escuchaba con la nostalgia del que se apaga con la noche. Esa divagación casi filosófica me arrastró como un torrente a una serie de enumeraciones dolorosas. Las copas vacías rotas, un sinfín de derrotas y una guerra casi perdida. El sol se despide en el horizonte y un leve rocío acaricia las superficies, antes de volverse una molestia. Los hombros se sienten pesados, hace rato que nadie dice nada. Vuelvo a mirar el paisaje que nunca me aburre, pero al final de cuentas lo único que va a quedar es el silencio. Solo el silencio.